07/11: MIGUEL MORENO
Categoría: Actualidad
Publicado por: joaquin
Ha fallecido Miguel Moreno. El periodista soriano en activo más veterano que cada domingo aparecía en la tercera de este periódico, DIARIO DE SORIA/EL MUNDO, con su habitual y esperado Cronicón tan seguido por un público muy concreto, pero sobre todo por los amantes del costumbrismo. Miguel Moreno vivió como pocos la etapa del franquismo y de la transición democrática en sus albores desde el privilegiado puesto de observador que le confería su condición de periodista y en su última etapa profesional de director de Campo Soriano. Se cierra, por tanto, una etapa del periodismo soriano y desaparece con él el último eslabón de una generación de profesionales.
Pero Miguel Moreno no sólo fue periodista. Fue también escritor, costumbrista, etnógrafo y editor de sus propias obras pero, por encima de todo, testigo desde la primera línea de muchos de los acontecimientos acaecidos en la capital y provincia en la segunda mitad del siglo XX. Con su firma, y la de Lope de Renieblas o Manuel de Velamazán, entre otras que afloran a la mente al escribir, queda constancia en las hemerotecas de infinidad de crónicas tanto políticas bien sean de la ciudad, de la provincia e incluso viajeras, artículos de opinión y un amplio repertorio de reportajes que vienen a configurar la personalidad de un tipo comprometido siempre con la sociedad soriana. No hay más que echar un vistazo a los archivos y, dadas las urgencias lógicas del momento, a la referencia publicada en la Revista de Soria –editada por la Diputación Provincial-, de la que era redactor-asesor, con motivo de la toma de posesión de Miguel Moreno como Subjefe Provincial del Movimiento el 28 de abril de 1972, para aproximarse a la dimensión del personaje que acaba de firmar el último capítulo de su vida.
Nacido en el pueblo soriano de Velamazán estudió en los Padres Claretianos de Aranda de Duero, consiguiendo el título universitario en Valladolid. Más tarde cursó la carrera de Maestro Nacional en la Escuela Normal de Soria, y en la Facultad de Derecho de Zaragoza siguió cursos de licenciatura que interrumpió para incorporarse a la Escuela Oficial de Periodismo. Desde el año 1945 ha residido en la capital, en la que comenzó a trabajar como docente en la Institución Provincial de la Obra de Protección de Menores. Desempeñó numerosos y variados cargos en la Delegación de Sindicatos de Soria -a cuyo Cuerpo Técnico de Funcionarios perteneció- y en el Movimiento, del que, como se ha señalado, llegó a ser Subjefe Provincial. Ejerció durante décadas el periodismo activo, casi siempre en el trisemanario Campo Soriano, en el que desempeñó las funciones de redactor, redactor-jefe y director, esta última entre los años 1976 y 1981, que coincidió entre otros asuntos relevantes de la época con la polémica de la Variante Sur, de la que según el libro La Carretera de Circunvalación de Soria, editado por el Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, “fue uno de los más ardientes defensores”. Este cúmulo puede que haya contribuido a alimentar en ocasiones la controversia en torno a su figura al menos en algunos círculos de la sociedad soriana.
El caso es que su dedicación al mundo del periodismo y de la información procuró compatibilizarlo siempre, en la medida que le fue posible, con la edición de publicaciones monográficas, estudios de investigación y divulgación relacionados con lo soriano y especialmente con temas monumentales, etnográficos y turísticos, lo mismo de la capital que de la provincia. De este modo ha podido completar un amplísimo fondo editorial, difícil de resumir, y convertirle en el autor soriano contemporáneo más prolífico. Por eso, en su día el ayuntamiento de la ciudad le nombró Cronista Oficial –lo era igualmente de varios pueblos de la provincia- y una de las corporaciones que presidió Virgilio Velasco, Hijo Adoptivo.
(Publicado en Diario de Soria/El Mundo el 21 de octubre de 2010)
Categoría: Actualidad
Publicado por: joaquin
El famoso y polémico toro del escultor Joan Ripollés, durante algún tiempo colocado en una de las rocas del soriano monte Valonsadero, próxima a Cañada Honda y a la Casa del Guarda, dio que hablar lo suyo hasta que al comienzo de la legislatura municipal anterior fue retirado de su emplazamiento en una operación que no dejó de resultar cuando menos curiosa si es que no rocambolesca, en la que no es propósito insistir.
De todos modos y por resumir la historia. A mediados –día más o menos- del mes de julio del año 2001 bajo el lema “Del río a la dehesa”, Joan Ripollés presentó en Soria su exposición integrada por una quincena de esculturas de grandes dimensiones realizadas en bronce, hierro y fibra de vidrio que terminaron ubicándose en diferentes puntos estratégicos de la ciudad –entre otros la plazoleta de la ermita de San Saturio-y no sólo no dejó indiferente a nadie sino que suscitó una polémica ciudadana de las de abrigo, aderezada con algún que otro cruce descalificatorio, como no podía ser de otra forma.
Pasado un tiempo fueron retiradas las esculturas salvo la del polémico toro, que por lo visto quiso comprar la corporación del momento, por un precio ligeramente superior a los sesenta y tres mil euros (diez millones y medio de pesetas). El hecho cierto es que el toro permaneció durante algún tiempo para que pudiera ser contemplado en su ubicación aunque celebradas las elecciones siguientes, que trajeron consigo el cambio de gobierno, la compra no se había materializado. Y aunque el grupo mayoritario que accedió al gobierno municipal mostró su interés, al menos en principio, en materializar la compra, finalmente desistió del propósito, tras una serie de desencuentros, no sin asistir a un curioso, y por qué no, regateo al más puro estilo de los que se producían antaño en el mercado de abastos cuando las débiles economías familiares poco o nada tenían que ver con las de hoy y había que escatimar la peseta.
En estas se estaba cuando en el mes de mayo de 2005, el escultor lanzó su última oferta, que no era otra sino la de vender la escultura por el precio de coste (alrededor de dieciocho mil euros). Quien tenía la responsabilidad del gobierno municipal la aceptó pero lo curioso vino de inmediato cuando la decisión de quedarse con el toro se trasladó formalmente al artista porque a vuelta de correo Joan Ripollés –no se sabe si por iniciativa propia o inducido por alguien de su entorno más próximo- se vio en la necesidad de rectificar el ofrecimiento. Lo cierto es que una tarde de mediados de junio de 2006, en vísperas de las fiestas de San Juan, el escultor acudió en persona a Valonsadero, con un camión pluma, para llevarse la escultura. Al día siguiente mandó un telegrama al ayuntamiento anunciando que se le iba a llevar.
A partir de ese momento se le perdió la pista al dichoso toro, que tanto había dado que hablar, del que por lo que ha podido saberse después hay sendas réplicas en Holanda, en una plaza pública; otra en Vall D´Alva, y tres más en Francia, Palma de Mallorca y Valencia, esta última en una Universidad. En cualquier caso, lo del controvertido toro no deja de tener su particular historia y por qué no, hasta su gracia, si se quiere. Porque, en efecto, al cabo de unos cuantos años la pieza verse en el centro de Sevilla, en el conjunto de una exposición del artista valenciano integrada por 15 esculturas que inaugurada el 2 de febrero de este año estaba previsto que se mostrara durante dos meses.
Es en la Plaza del Triunfo, donde está el toro de marras –hoy propiedad de un coleccionista de arte-, que es lo mismo que decir que en la fachada lateral de la emblemática Catedral y su Giralda, donde se encuentra la puerta de acceso si se quiere visitar el recinto; o sea, la que mira al Archivo General de Indias, que está al otro lado de la plaza, pegada a la avenida de la Constitución –una de las arterias principales del centro urbano, hoy peatonal-, frente al edificio de Correos y Telégrafos, delante de cuya puerta principal el moderno y muy utilizado tranvía que cruza el centro de la ciudad, desde la Plaza Nueva hasta casi el final de la avenida de Carlos V, tiene establecida una de sus paradas.
Sin embargo, lo que más llama la atención de todo esto es que mientras la totalidad de las esculturas se encuentran instaladas sobre un sobrealzado con su correspondiente placa explicativa, el toro se halla en el santo suelo y sin leyenda alguna. Claro que maldita la falta que le debe hacer porque, como será fácil imaginar y uno lo ha podido constar personalmente, no deja indiferente absolutamente a nadie y mucho menos a los visitantes extranjeros, incapaces de resistir la tentadora oferta del morlaco de posar junto a él para dejar constancia gráfica de su paso por la ciudad hispalense y por este entorno en concreto. El desfile de los que se han retratado junto al toro de Ripollés ha debido ser de tal magnitud que la pintura negra de los pitones del animal ha desaparecido; de manera que puede apreciarse el color del metal del que está hecho.
(Publicado en EL MUNDO/DIARIO DE SORIA el 31 de marzo de 2009)
Blog JoaquinAlcalde.esDe todos modos y por resumir la historia. A mediados –día más o menos- del mes de julio del año 2001 bajo el lema “Del río a la dehesa”, Joan Ripollés presentó en Soria su exposición integrada por una quincena de esculturas de grandes dimensiones realizadas en bronce, hierro y fibra de vidrio que terminaron ubicándose en diferentes puntos estratégicos de la ciudad –entre otros la plazoleta de la ermita de San Saturio-y no sólo no dejó indiferente a nadie sino que suscitó una polémica ciudadana de las de abrigo, aderezada con algún que otro cruce descalificatorio, como no podía ser de otra forma.
Pasado un tiempo fueron retiradas las esculturas salvo la del polémico toro, que por lo visto quiso comprar la corporación del momento, por un precio ligeramente superior a los sesenta y tres mil euros (diez millones y medio de pesetas). El hecho cierto es que el toro permaneció durante algún tiempo para que pudiera ser contemplado en su ubicación aunque celebradas las elecciones siguientes, que trajeron consigo el cambio de gobierno, la compra no se había materializado. Y aunque el grupo mayoritario que accedió al gobierno municipal mostró su interés, al menos en principio, en materializar la compra, finalmente desistió del propósito, tras una serie de desencuentros, no sin asistir a un curioso, y por qué no, regateo al más puro estilo de los que se producían antaño en el mercado de abastos cuando las débiles economías familiares poco o nada tenían que ver con las de hoy y había que escatimar la peseta.
En estas se estaba cuando en el mes de mayo de 2005, el escultor lanzó su última oferta, que no era otra sino la de vender la escultura por el precio de coste (alrededor de dieciocho mil euros). Quien tenía la responsabilidad del gobierno municipal la aceptó pero lo curioso vino de inmediato cuando la decisión de quedarse con el toro se trasladó formalmente al artista porque a vuelta de correo Joan Ripollés –no se sabe si por iniciativa propia o inducido por alguien de su entorno más próximo- se vio en la necesidad de rectificar el ofrecimiento. Lo cierto es que una tarde de mediados de junio de 2006, en vísperas de las fiestas de San Juan, el escultor acudió en persona a Valonsadero, con un camión pluma, para llevarse la escultura. Al día siguiente mandó un telegrama al ayuntamiento anunciando que se le iba a llevar.
A partir de ese momento se le perdió la pista al dichoso toro, que tanto había dado que hablar, del que por lo que ha podido saberse después hay sendas réplicas en Holanda, en una plaza pública; otra en Vall D´Alva, y tres más en Francia, Palma de Mallorca y Valencia, esta última en una Universidad. En cualquier caso, lo del controvertido toro no deja de tener su particular historia y por qué no, hasta su gracia, si se quiere. Porque, en efecto, al cabo de unos cuantos años la pieza verse en el centro de Sevilla, en el conjunto de una exposición del artista valenciano integrada por 15 esculturas que inaugurada el 2 de febrero de este año estaba previsto que se mostrara durante dos meses.
Es en la Plaza del Triunfo, donde está el toro de marras –hoy propiedad de un coleccionista de arte-, que es lo mismo que decir que en la fachada lateral de la emblemática Catedral y su Giralda, donde se encuentra la puerta de acceso si se quiere visitar el recinto; o sea, la que mira al Archivo General de Indias, que está al otro lado de la plaza, pegada a la avenida de la Constitución –una de las arterias principales del centro urbano, hoy peatonal-, frente al edificio de Correos y Telégrafos, delante de cuya puerta principal el moderno y muy utilizado tranvía que cruza el centro de la ciudad, desde la Plaza Nueva hasta casi el final de la avenida de Carlos V, tiene establecida una de sus paradas.
Sin embargo, lo que más llama la atención de todo esto es que mientras la totalidad de las esculturas se encuentran instaladas sobre un sobrealzado con su correspondiente placa explicativa, el toro se halla en el santo suelo y sin leyenda alguna. Claro que maldita la falta que le debe hacer porque, como será fácil imaginar y uno lo ha podido constar personalmente, no deja indiferente absolutamente a nadie y mucho menos a los visitantes extranjeros, incapaces de resistir la tentadora oferta del morlaco de posar junto a él para dejar constancia gráfica de su paso por la ciudad hispalense y por este entorno en concreto. El desfile de los que se han retratado junto al toro de Ripollés ha debido ser de tal magnitud que la pintura negra de los pitones del animal ha desaparecido; de manera que puede apreciarse el color del metal del que está hecho.
(Publicado en EL MUNDO/DIARIO DE SORIA el 31 de marzo de 2009)
16/08: TIEMPO DE OTOÑO
Categoría: Actualidad
Publicado por: joaquin
Es viernes, 15 de agosto de 2008, festividad de la Virgen, uno de los días mágicos del verano y del año en que media España está de vacaciones y la otra media de fiesta. La provincia de soria no es una excepción.
Un buen día, por tanto, para por lo menos una vez al año no salir de la ciudad y pasar la jornada festiva como mejor se pueda.
De modo que tras dejar transcurrir la mañana delante del televisor consumiendo Juegos Olímpicos, lo más recomendable es salir a comer fuera de casa a un lugar próximo sin necesidad de coger el coche ni andar mirando de reojo la botella de vino que se suele acompañar a una buena comida.
El ambiente en el Don Quijote es agradable. Estamos solos los de casa –entiéndase de la ciudad- y algún que otro despistado que apremiado por la hora busca un cobijo a mano para reponer fuerzas y continuar la jornada.
La comida se prolonga más de la cuenta, de manera que cuando abandonamos el local son ya las cuatro y media de la tarde.
Hasta aquí, todo normal. Lo curioso viene a continuación. Porque cuando abandonamos el establecimiento, una hora y media después de haber llegado, el color del cielo y el calor del ambiente no eran los mismos. Seguía luciendo el sol, como cuando entramos, aunque sin calentar, y el cielo despejado pero con las típicas nubes rameadas de mediados de agosto no tanto de calor como de síntoma de cambio de tiempo, es decir, más bien del otoño que se avecina, que uno cree ver inminente.
De tal manera que tras la buena comida con su correspondiente e inevitable sobremesa la tarde invitaba al paseo por las zonas próximas al centro urbano, que se encuentra desierto, con la sola presencia de los visitantes ocasionales que dotan a la ciudad del ambiente del ambiente otoñal que flota en el ambiente. Puede que una semana más tarde el otoño sea una realidad. Si no al tiempo
Blog JoaquinAlcalde.es
Un buen día, por tanto, para por lo menos una vez al año no salir de la ciudad y pasar la jornada festiva como mejor se pueda.
De modo que tras dejar transcurrir la mañana delante del televisor consumiendo Juegos Olímpicos, lo más recomendable es salir a comer fuera de casa a un lugar próximo sin necesidad de coger el coche ni andar mirando de reojo la botella de vino que se suele acompañar a una buena comida.
El ambiente en el Don Quijote es agradable. Estamos solos los de casa –entiéndase de la ciudad- y algún que otro despistado que apremiado por la hora busca un cobijo a mano para reponer fuerzas y continuar la jornada.
La comida se prolonga más de la cuenta, de manera que cuando abandonamos el local son ya las cuatro y media de la tarde.
Hasta aquí, todo normal. Lo curioso viene a continuación. Porque cuando abandonamos el establecimiento, una hora y media después de haber llegado, el color del cielo y el calor del ambiente no eran los mismos. Seguía luciendo el sol, como cuando entramos, aunque sin calentar, y el cielo despejado pero con las típicas nubes rameadas de mediados de agosto no tanto de calor como de síntoma de cambio de tiempo, es decir, más bien del otoño que se avecina, que uno cree ver inminente.
De tal manera que tras la buena comida con su correspondiente e inevitable sobremesa la tarde invitaba al paseo por las zonas próximas al centro urbano, que se encuentra desierto, con la sola presencia de los visitantes ocasionales que dotan a la ciudad del ambiente del ambiente otoñal que flota en el ambiente. Puede que una semana más tarde el otoño sea una realidad. Si no al tiempo
Categoría: Actualidad
Publicado por: joaquin
JOAQUÍN ALCALDE EN EL ESPACIO “EL COLLADO” QUE SE EMITE LOS MARTES A LAS 12,15 HORAS DENTRO DEL PROGRAMA “PROTAGONISTAS”, EDICIÓN SORIA, DE PUNTO RADIO.
Mañana, miércoles, con la lectura del pregón dan comienzo las fiestas de San Juan o de la Madre de Dios. A partir de ese momento, las once de la noche, la ciudad entra una dinámica impensable para quienes no conocen las costumbres de los sorianos y largamente esperada por los nativos que se va a prolongar durante los cinco días siguientes en medio de un ambiente presidido por la intensidad en el que apenas queda tiempo para el descanso.
Hace ya más de medio siglo que el comienzo de las fiestas de San Juan tiene lugar la noche anterior al día de la Saca con la lectura del pregón que se instauró en el lejano 1956, aunque en realidad el arranque se produce por la tarde con la corrida de toros –este año, festejo de rejones- y la cena de gala que ofrece el ayuntamiento a los jurados de cuadrilla.
El pregón fue una de las modificaciones que por aquel entonces pretendió introducir el gobernador que quiso reformar las fiestas, y a fe que lo consiguió, porque es una de las pocas celebraciones que ha sobrevivido en el transcurso del tiempo, al extremo de que en la actualidad lejos de ser cuestionada se admite como una más de los tan traídos y llevados usos y costumbres.
El caso es que el primer pregón que la noche del miércoles 27 de junio de 1956 se dio lectura al primer pregón en un marcó notablemente diferente al de hoy, no tanto por lo que se refiere al entorno, que sigue siendo el mismo, o sea la Plaza Mayor, como a los detalles que lo rodearon, que ciertamente fueron muy diferentes, de tal manera que en la actualidad lo harían poco menos que irreconocible.
En efecto, aquella noche, previo disparo de tres cohetes de aviso y desde el balcón principal de la Casa Ayuntamiento de la Ciudad de Soria, cuya fachada se encontraba adornada con reposteros y plenamente iluminada, se dio lectura al pregón de Fiestas de San Juan de 1956, pregón que fue creado a petición de los señores Jurados de Cuadrilla y cuya solemnidad organiza la Comisión de Festejos del Ayuntamiento, colaborando en el mismo el prestigioso soriano don Víctor Higes Cuevas, que fue el autor del mismo, se dijo en la referencia que ofreció el periódico Campo Soriano.
Pero el protocolo establecido con escrupulosidad y no exento de parafernalia iba bastante más allá, porque detallaba paso por paso el ceremonial que iba a tener lugar a continuación. De tal modo que según se recogía en la información oficial facilitada, a continuación de la lectura del pregón la Banda Municipal interpretó la canción sanjuanera del año 1956, “El Cachirulo”, para seguidamente iniciar la marcha de la comitiva del pregón que estuvo forma de la forma siguiente, se dijo: Primero, piquete de la Guardia Municipal, que abrió la marcha; segundo, pregonero a caballo, flanqueado por timbaleros o trompeteros vestidos a la usanza medieval y conducidos a caballo por pajes; tercero, banda municipal formada, que durante la marcha interpretó pasacalles típicos de las fiestas; cuarto, cuadrillas de mozos y mozas, ataviadas con traje apropiado, a cuyo frente iban a los caballistas inscritos todos ellos para participar en los concursos de premios de las fiestas de ese año; y quinto, presidencia de los señores Jurados de Cuadrilla, con bastón insignia del cargo, acompañados de una representante de la Corporación y escoltados por otro piquete de la Guardia Municipal, que cerraba la marcha.
Asimismo se detallaba el itinerario a seguir a través del Collado y de la plaza de San Esteban hasta la Diputación Provincial, donde volvió a leerse el pregón. Bajada, de nuevo, al Collado, Marqués del Vadillo, Plaza de Mariano Granados, Avenida de Navarra, calle de Medinaceli a la carretera de Madrid, parada frente al Gobierno Civil, donde se dio otra lectura al pregón, para seguir por Nicolás Rabal hasta la puerta de la Dehesa, frente al Hotel Florida, y atravesándola salida por la puerta de la casa del jardinero, junto a la Soledad, para llegar al Espolón y desde él nuevamente a la Plaza de Mariano Granados, donde se leyó por última vez, destroncándose la comitiva y celebrándose a continuación en dicha plaza una gran verbena en honor de los Jurados de Cuadrilla.
Mañana, miércoles, con la lectura del pregón dan comienzo las fiestas de San Juan o de la Madre de Dios. A partir de ese momento, las once de la noche, la ciudad entra una dinámica impensable para quienes no conocen las costumbres de los sorianos y largamente esperada por los nativos que se va a prolongar durante los cinco días siguientes en medio de un ambiente presidido por la intensidad en el que apenas queda tiempo para el descanso.
Hace ya más de medio siglo que el comienzo de las fiestas de San Juan tiene lugar la noche anterior al día de la Saca con la lectura del pregón que se instauró en el lejano 1956, aunque en realidad el arranque se produce por la tarde con la corrida de toros –este año, festejo de rejones- y la cena de gala que ofrece el ayuntamiento a los jurados de cuadrilla.
El pregón fue una de las modificaciones que por aquel entonces pretendió introducir el gobernador que quiso reformar las fiestas, y a fe que lo consiguió, porque es una de las pocas celebraciones que ha sobrevivido en el transcurso del tiempo, al extremo de que en la actualidad lejos de ser cuestionada se admite como una más de los tan traídos y llevados usos y costumbres.
El caso es que el primer pregón que la noche del miércoles 27 de junio de 1956 se dio lectura al primer pregón en un marcó notablemente diferente al de hoy, no tanto por lo que se refiere al entorno, que sigue siendo el mismo, o sea la Plaza Mayor, como a los detalles que lo rodearon, que ciertamente fueron muy diferentes, de tal manera que en la actualidad lo harían poco menos que irreconocible.
En efecto, aquella noche, previo disparo de tres cohetes de aviso y desde el balcón principal de la Casa Ayuntamiento de la Ciudad de Soria, cuya fachada se encontraba adornada con reposteros y plenamente iluminada, se dio lectura al pregón de Fiestas de San Juan de 1956, pregón que fue creado a petición de los señores Jurados de Cuadrilla y cuya solemnidad organiza la Comisión de Festejos del Ayuntamiento, colaborando en el mismo el prestigioso soriano don Víctor Higes Cuevas, que fue el autor del mismo, se dijo en la referencia que ofreció el periódico Campo Soriano.
Pero el protocolo establecido con escrupulosidad y no exento de parafernalia iba bastante más allá, porque detallaba paso por paso el ceremonial que iba a tener lugar a continuación. De tal modo que según se recogía en la información oficial facilitada, a continuación de la lectura del pregón la Banda Municipal interpretó la canción sanjuanera del año 1956, “El Cachirulo”, para seguidamente iniciar la marcha de la comitiva del pregón que estuvo forma de la forma siguiente, se dijo: Primero, piquete de la Guardia Municipal, que abrió la marcha; segundo, pregonero a caballo, flanqueado por timbaleros o trompeteros vestidos a la usanza medieval y conducidos a caballo por pajes; tercero, banda municipal formada, que durante la marcha interpretó pasacalles típicos de las fiestas; cuarto, cuadrillas de mozos y mozas, ataviadas con traje apropiado, a cuyo frente iban a los caballistas inscritos todos ellos para participar en los concursos de premios de las fiestas de ese año; y quinto, presidencia de los señores Jurados de Cuadrilla, con bastón insignia del cargo, acompañados de una representante de la Corporación y escoltados por otro piquete de la Guardia Municipal, que cerraba la marcha.
Asimismo se detallaba el itinerario a seguir a través del Collado y de la plaza de San Esteban hasta la Diputación Provincial, donde volvió a leerse el pregón. Bajada, de nuevo, al Collado, Marqués del Vadillo, Plaza de Mariano Granados, Avenida de Navarra, calle de Medinaceli a la carretera de Madrid, parada frente al Gobierno Civil, donde se dio otra lectura al pregón, para seguir por Nicolás Rabal hasta la puerta de la Dehesa, frente al Hotel Florida, y atravesándola salida por la puerta de la casa del jardinero, junto a la Soledad, para llegar al Espolón y desde él nuevamente a la Plaza de Mariano Granados, donde se leyó por última vez, destroncándose la comitiva y celebrándose a continuación en dicha plaza una gran verbena en honor de los Jurados de Cuadrilla.